※ Esta obra contiene lenguaje explícito y personajes inmorales. Por favor, téngalo en cuenta al leer.
Me reencarné como la villana de un juego otome para mayores de 18 años.
Pero... ¿por qué todos estos protagonistas masculinos dementes están obsesionados conmigo?
—Hagamos una apuesta con Edel como premio. El que cace más bestias se quedará con Edel por hoy. ¿Qué te parece?
Una apuesta teniéndome a mí como premio. Qué egoístas, decidiendo así sin el consentimiento de la persona implicada. Absorta por el absurdo de la situación, me giré hacia el Emperador, pero él ni siquiera me estaba mirando a los ojos.
—Acepto.
Barahan habló con un raro tono de interés.
Aunque su rostro permanecía inexpresivo, sus ojos rojos contenían un ligero brillo de emoción.
Mi boca se cerró de golpe. Al principio iba a enfadarme porque me hacían sentir como un objeto, pero las expresiones de los hombres eran demasiado serias.
—¿Su Majestad?
—No me llames con esa voz tan seductor. Ya se me está poniendo dura.
El Emperador torció la comisura de los labios y añadió:
—Y la caza ni siquiera ha empezado.

